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Unidad, valentía y amor a la patria derrotó al filibusterismo en San Jacinto

Por: Prensa-Asamblea Nacional

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septiembre 13, 2019

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Un pueblo realmente rebelde y armado de mucha valentía, pero sobre todo lleno de amor para defender a la patria, se enfrentó a unas fuerzas filibusteras dotada con mejores armas y grandes cantidades de municiones en una lucha desigual en la Hacienda San Jacinto en septiembre de 1856.

La tropa nicaragüense de 160 hombres comandada por el coronel José Dolores Estrada se desplegó por toda la hacienda, unos levantaron trincheras para defender la casa y los corrales de madera. Otros se apostaron al norte, sur y oriente de la casa en posición de defensa, mientras avanzaban las fuerzas filibusteras auxiliados por una espesa neblina con la orden de disparar.

Los patriotas recibieron el refuerzo de una división de 60 indios flecheros matagalpas, el 11 de septiembre, al mando del Mayor Francisco Sacasa con los oficiales Ceferino González, Miguel Vélez, José Siero, entre otros, que fueron tan útiles a la Jornada del 14, según el parte del coronel Estrada autenticado el 22 de septiembre de 1856.

“Esta gesta del pueblo nicaragüense en la Batalla de San Jacinto constituyó realmente la valentía de un pueblo junto con su pueblo originario porque ahí encontramos a los indios flecheros matagalpas. Ellos se despojan de todo personalismo para sobreponerse y juntarse para defender la patria representada como el tesoro más grande”, expresa el compañero Omar Cortedano, director general de Educación de Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación.

Constituyó también la valentía y la rebeldía ante la esclavitud que quería imponer los filibusteros norteamericanos con todas sus ideas de explotación y de dominación, afirma Cortedano tras señalar que Nicaragua lo que demuestra en este sentido es “la posibilidad de que tenemos que seguir siendo un pueblo libre, soberano, pero además un pueblo que nos podemos unir ante cualquier circunstancias y situaciones difíciles que enfrentamos en nuestro país”.

Las fuerzas filibusteras de William Walker tampoco pudieron con la unidad bien arraigada en el patriotismo de un pueblo dispuesto a defender la soberanía de su nación. “La unidad en ese momento se expresó en despojarse de todo los intereses personales para unirse en un solo fin que era expulsar al filibustero de la tierra nicaragüense”, manifiesta el funcionario.

Agregó que “el enarbolar también la bandera nicaragüense, los símbolos patrios y hacer con nuestro compromiso, con nuestros esfuerzos la posibilidad de hacer una hazaña que generó también el apoyo de los otros pueblos centroamericanos, porque no solo se constituyó entonces la unidad del pueblo nicaragüense sino la unidad de los pueblos centroamericanos”.

“La unidad no sólo expresa fuerza sino que expresa también la posibilidad de hacer posible todo aquello que pareciese imposible, de hacer realidad los sueños y las ideas que solamente pueden hacerse realidad a través del empeño y de la voluntad como dijo nuestro poeta Rubén Darío del unir todas las voluntades propias para construir una nueva sociedad, una patria mejor”, concluyó en su reflexión el compañero Cortedano.

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